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“ALADUA”

ASPECTOS DEL CONTAGIO DE LOS PREJUICIOS MOROFÓBICOS

ABDELASIS HACHMI MOHAMED.

Debido a las circunstancias actuales de la vida política española, es oportuno apuntar unas observaciones y, espero que no se tomen como denuncias, aunque no faltan argumentos para que lo fuesen. Se trata de un hilo de dos décadas de longitud, a lo largo del cual se han llevado acabo una serie de programas, unos de integración de inmigrantes y otros de sensibilización hacía  los mismos. Hecho que supone un destacado esfuerzo por parte de las autoridades sociopolíticas, que sin lugar a dudas gozan de muy buenas intenciones. A demás, la sociedad andaluza tiene un carácter común a otras sociedades mediterráneas, siempre se le manifiesta esta alma bondadosa y caritativa, cuando se tropieza con alguna desgracia ajena, aunque sea del otro –que no pertenece al ondogrupo-. Aún así la situación actual no deja de ser preocupante respecto a la percepción del “Moro”, quizás más que desde hace 2 décadas. Tal situación parece entramada en un sentir inopinado, casi ausente en espacios macrosociales. No obstante, a veces se expresa de forma eufemista, que es un indicador del grado de refinación de los españoles del siglo 21, y muy de vez en cuando, sorprende al expresarse con un cierto disfemismo.

La convivencia diaria confunde con las contradicciones que conlleva, por una parte, no faltan sentimientos de un amor arraigado en la historia con un tinte de remordimiento y también a veces desconfiado, temeroso, desequilibrado …., y por otra un sentimiento con aires que saben a fobia. Dicha confusión o mejor dicho inquietud, no es negativa, si se hace uso de su utilidad como factor motivador, alimenta las curiosidades para indagar sobre el origen de la misma. Parece un juego atractivo cuando se presentan elementos que te permiten hacer un seguimiento de los hechos hasta llegar al pensamiento verdadero que se expresa sólo en ambientes íntimos.

Los hechos que dieron lugar a la perspicacia, ocurrieron en un ambiente laboral determinado, caracterizado por el trato personal con varias nacionalidades, mayoritariamente marroquíes y sudamericanos. Era un servicio de atención y asesoramiento a los colectivos de inmigrantes, a lo largo de varios años dedicados a lo mismo, llegue a notar, que un número considerable de mujeres latina, al principio se presentan relajadas y cuando se enteran que soy árabe (Moro), se les ve como preocupadas y más prudentes en el trato, pero tras un periodo de comunicación, recuperan de un cierto modo la tranquilidad, era una reacción de diferentes protagonistas que se repite de forma similar durante periodos irregulares, pero reducidos.

Las observaciones de este tipo, te meten en un largo proceso de meditación, antes de maniferstarlas, puesto que no se puede formular juicios, teniendo sólo constancia de indicios de algo incógnito, aunque sabe a pecado.

De las preguntas que navegaron por mi mente, respecto al motivo de dicha compleja reacción, las más destacadas fueron tales como: ¿Se debe a un carácter común hacía el sexo opuesto? o ¿…ideas prejuiciosas hacía el moro que traen de su país? o ¿…. inducidas por los medios de comunicación? o ¿ … adquiridas tras su llegada a España?...

Para despejar estas confusiones aproveche los recursos asequibles a mi entorno de amigos y compañeros de trabajo (todos con nombre y apellidos españoles), empecé a preguntarles si llegan a detectar dichas reacciones, y todos sin excepción negaron aquello, algunos han ido más allá y me insinuaron que puede  que sea producto de mi excesiva sensibilidad !. El intento en si creo un pequeño incidente a base de rumores como si mi intención pretende victimizar a los árabes, se llego a acusarme de desagradecido, dando la impresión, de que el puesto laboral que ocupo, es uno de los favores que me tengo que “agradecer a todos los españoles”. Dicho incidente se limito gracias a otros compañeros que me aprecian y saben muy bien mis intenciones. A pesar de este tropiezo en los primeros pasos no me desanimé, todo lo contrario, fue como un nuevo aliento a mi curiosidad.

Me puse en contacto con una amiga, psicóloga de profesión, para buscar otras vías de indagación, y hemos visto que es mejor utilizar un pequeño cuestionario, basado sobre la impresión que provocan los árabes en los sujetos, dirigido directamente a los mismos, así se puede indagar mejor sobre el tema.

El número de entrevistadas no fue tan alto (130), aunque era suficiente para acercarse al origen de dicha reacción.

Han sido entrevistadas 130 mujeres cuyas características y resultados vienen detallados como sigue:

 

Entrevistas:

 130 mujeres sudamericanas:

  • 80 ecuatorianas: empleo de hogar.
  • 38 colombianas: 8 prostitución.

                               25 empleo de hogar.

                                5 servicios.

  • 10 Bolivianas: empleo de hogar.
  • 2 Nicaragüenses: 1 Estudiante.

                                     1 servicios.

 

Edades: de 22 a 48 años.

Estancia en España: de 3 meses a 10 años.

Estado civil: 114 casadas y 16 solteras.

 

Cuestionario:

 

Ø      ¿Cuando conociste a  los moros?

92  (70.8%) en España.

38 (29.2%) en el país de origen (Turcos)

 

Ø      ¿De que país proceden?

117 (90%) de Marruecos.

13 (10%) Del país de los árabes.

 

Ø      ¿Qué impresión tienes de ellos?

-93 (71.5%): me provocan miedo

o       ¿Tienes relación directa con ellos?

-93 (71.5%): No

o       ¿por qué te dan miedo?

-89 (95.7%) (empleo de hogar): Los empleadores me aconsejaron de tener cuidado de los moros.

- 4 (4.3%): se habla mal de ellos, sus hombres son polígamos, practican la ablación del clítoris a sus mujeres …

 

      -37 (28.5%): nada

o       ¿Tienes relación directa con ellos?

-         32: Si

-         5: No

 

INTERPRETACIÓN DE RESULTADOS.

 

  • El 71.8% de las entrevistadas conocieron a los moros tras su llegada a España y sólo el 29.2% tenían constancia de ellos en el país de origen, aunque lo confunden con los turcos.
  • No tienen claro su país de procedencia. Homogenizan por falta de conocimiento.
  • El 71.5% nunca tuvieron relación directa con los moros, de los cuales 95.7% fueron aconsejados por los mismos empleadores de tener cuidado con los moros, y el 4.3% escucharon hablar mal de ellos.
  • El 28.5% restante, la mayoría de ellas tuvieron relación directa.

 

Según estos resultados, se puede deducir que dicha reacción se debe en gran parte a un contagio inducido directamente o indirectamente por los autóctonos.

Si consideramos el hecho como casos individuales, se hace evidente tratarlos cada uno por separado, echando mano a largas sesiones de psicoanálisis, para no caer en abusos interpretativos, aunque dicha aplicación no es nada operativa ni factible, por lo cual se tiene que tratarlo en términos psicoculturales y psicosociales, si tomamos en cuenta sus trascendencias social e institucional. Así que, es preferible ir acuñando denominaciones a este fenómeno, para facilitar la expresión de su realidad. En este caso, se ha transmitido el prejuicio de un grupo social a otro, por lo cual se puede denominar: CONTAGIO TRANSITIVO.  

POSTAL Nº 10 - GENTE DE COLETA - EDICIÓN 1921-D.MULLOR-MELILLA (Postales - Postales Temáticas - Ex Colonias y Protectorado Español)Al consultar la bibliografía española sobre el tema de la morofobia, se pone de manifiesto, el enorme esfuerzo de los investigadores e intelectuales españoles. Existen numerosos estudios que aclaran esta realidad, desafortunadamente son desconocidos por la mayoría de los interesados -“HipanoMoros”-, que son virtudes de una parte de la cúpula intelectual española, con un nivel de difusión limitado, no muestra el dinamismo de cambio en la sociedad española. También se puede mirar con elogio el actual discurso gubernamental por la conciencia que manifiesta respecto a la nueva ciudadanía y las nuevas culturas españolas. No obstante el prejuicio hacía lo moro es bastante arraigado en la historia que resulta como irremediable.

Parece que la democracia española le cuesta resolver este asunto, a pesar de que la macropolítica no deja de mostrar buenas intenciones, en la micropolítica -en donde se cuece el asunto- el prejuicio trasciende a niveles institucionales de suma gravedad y no supone mucho esfuerzo identificarla. Tal hecho muestra la dificultad de transmisión de los prejuicios positivos.

En algunas ciudades, el contagio llega a alto niveles institucionales, se establece y se camufla, hasta su normalización. Dejo de resistir la tentación. Lo más penoso y triste es que cuando se detecta la falta de armonía entre la ideología y la pluralidad cultural (Alcantud *), evidentemente cuando se trata de tendencias ideológicas, cuyos fundamentos éticos, se contradicen con las actitudes -y consecuentemente las medidas- de los seres que la representan, tal hecho conduce a una agitada perturbación de la claridad conceptual, respecto a los valores de la justicia social y su aplicación.

Se supone que cuando se asigna a una persona, en un puesto de responsabilidad pública y comete alguna injusticia, el remedio será según la persona misma, si es humanitario le costará dormir si no corrige el error y compensa los damnificados y, si es responsable, reflexiona e intenta equilibrar la situación.

Estamos ante personas supuestamente inteligentes, no se le pueden pasar las injusticias provocadas por ellos mismos, sino sería muy grave al no enterarse de sus cometidos.

Si una de dichas personas – cabeza de alguna institución- escoge la peor medida –aunque sea jurídicamente correcta- hasta convertirla en normativa, cada vez que se presenta un asunto relacionado con un colectivo determinado, podemos hablar de discriminación institucional que contamina a toda la estructura orgánica, es decir transmitida por una persona a todos los miembros de la institución –susceptibles a contaminarse o no-. La consecuencia de tal comportamiento, -sea como sea su sofisticada herramienta jurídica- es la de alimentar el resentimiento en el colectivo indicado.

Esta forma de proceder institucional se suele repetir con más frecuencia en marcos políticos provinciales y locales, y su más sabroso ingrediente prejuicioso es la morofobia, puesto que, aún no llega a ser funcional y rigorosa ninguna normativa antiprejuicio al respecto. Aquí podemos hablar del CONTAGIO INSTITUCIONAL (entragrupal).

Otros aspectos de contagio, están adquiriendo términos denominativos propios con el tiempo, según las nuevas formas que van adoptando, aunque en pocas ocasiones llegan a resistir las tentaciones de manifestarse. 

En más de una charla o debate (conferencias, mesas redondas…), con un cierto nivel intelectual, se nota un malestar, cuando un hipano-marroquí, haga alguna crítica, a un asunto considerado propiamente español.  En la mayoría de las veces el ponente o el conferenciante, responde a la reflexión, desviando la atención hacía los defectos de los países islámicos y árabes, sin tomar muy en cuenta lo formulado por el contertuliano, lo que significa que el hispano-marroquí no se considera ciudadano español. El hecho conlleva también a un contagio, que afecta a algunos presentes. Podemos denominarlo CONTAGIO GERMINAL, si los receptores gozan de habilidades refinadas para transmitir el prejuicio a otros.

Los medios audiovisuales también, juegan un buen papel contaminante, cuando tratan los temas del Islam. Últimamente los casos de la ablación del clítoris se han puesto de moda, como normativa ligada a la religión musulmana, lo que resulta un buen agente contaminante que afecta a los televidentes, es simplemente un CONTAGIO MEDIÁTICO.

El tema de género también suele ser apetitoso como medio de camuflaje y de desahogo morófobo. Algunos discursos que predican el feminismo no dan ninguna alternativa, salvo la de categorizar a las mujeres árabes y musulmanas como seres sumisos que necesitan ser salvados del “moro macho” por el feminismo occidental (María Ángeles Ramírez*) .

Otro fenómeno un poco curioso, que consiste en el juego mental entre el moro bueno (lejano, virtual, habita el imaginario desde la edad media) en contra del moro malo (real y enemigo), pero en alguna ocasión se personifica el moro bueno para dar cabida a las fugas morofóbicas. Este fenómeno se nota en el excesivo entusiasmo que levanta el militante del Polisario, evidentemente considerado como moro bueno que lucha contar la barbaridad del marroquí moro malo. Según (Martín Corrales *), “muchos progresistas lo adoptan ahora como cuartada inconsciente para su morofobia”.

En los dos últimos casos podemos hablar de un DESAHOGO MOROFÓBICO.

Estamos ante una realidad amarga, que difícilmente se puede endulzar sin una voluntad política real y con directrices claras y precisas de las altas esferas políticas. Negar dicha realidad como es de costumbre en ambientes institucionales, no hace más que legitimar su continuidad.

(*)José Antonio González Alcantud. “ LA MAURPHOBIE DANS LES CERCLES INTELECTUELS ANDALOUS AUX XIX ET XX SIÉCLES” . Éditeur au plein midi.

(*)Ángeles Ramírez, profesora de Antropología de la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 08/10/06).

(*)Eloy Martín Corrales. Universitat Pompeu Fabra. “DE LAS GALEOTAS CORSARIAS A LAS PATERAS DEL ESTRECHO LA INFLUENCIA DEL PASADO EN LA IMAGEN DE LOS MUSULMANES Y MAGREBIES EN ESPAÑA”. Número extraordinario dedicado al III Coloquio Internacional de Geocrítica (Actas del Coloquio)      .

 

 

 

                 

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Editor: Abdelkader Chaui 
Equipo de Argan cultural:
Gonzalo Fernández Parrilla, Malika Embarek López,  Ali Kacem, Mohamed Khaldi, Said Messari
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