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Mohamed Choukri, el recuerdo de una generación desheredada. in
memóriam Mustafá
Akalay Nasser Repasar, aún de forma somera la figura de Mohamed Choukri, es tarea que
sorprende gratamente. Pocas veces toparemos con una trayectoria o experiencia
literaria tan atípica, singular y prolífica, como la de éste abanderado de la
picaresca árabe y escritor del Tánger subterráneo, es decir el mundo de lo
marginal, que nos abandonó, después
de una larga enfermedad, el 15 de noviembre de 2003. Vaya en su memoria
este repaso a su obra literaria. Su fallecimiento constituye la perdida de un brillante símbolo de la
cultura tangerina, prueba de ello el siguiente comentario del columnista de la
Opinión de Granada José Luis Serrano:” Con Choukri, este otoño, Tánger se
ha vuelto a morir.” La primera vez que conocí a
Choukri, fue en la década de los setenta,
cuando ejercía de
bibliotecario en el instituto de secundaria “IBN BATOUTA” de Tánger y nos
aconsejaba la lectura de los clásicos toda
vez que íbamos a prestar los libros, pero
fue en París en mi época
de estudiante de urbanismo, y en los años ochenta donde nos hicimos grandes
amigos, con ocasión de su memorable paso por el programa televisivo francés
:<apostrophes> dedicado a los libros y dirigido entonces por Bernard
Pivot, y a raíz de la traducción al francés por Tahar Benjelloun de su
historia novelada el pan a secas y no el pan desnudo
Dicha obra autobiográfica Al-jubz al-hafi, editada en árabe por el
propio autor, no aparecería en francés hasta 1982.Primero se había publicado
en inglés por el que fue su descubridor, el conocido escritor americano y
miembro de la Beat Generation: Paul Bowles con el titulo for bread alone en
1973. La versión española se editó en el mismo año que la francesa, y fue
prologada por nuestro amigo común Juan Goytisolo. A los principios de los años noventa tuve la gran satisfacción de
traducir al castellano un capítulo del segundo tomo de su obra Vivir en el
tiempo de los errores, y acompañarlo en sus conferencias impartidas en Granada,
Motril, y Almería, tanto como ponente o declamador de su prosa.También colaboré
con Choukri en las revisiones y pruebas de sus textos.corría el mítico año de
1992, el año de los fastos de Barcelona y Sevilla. Los temas preferidos del desaparecido escritor, fueron
los concernientes al mundo marginal, tal y como lo expuso en una rueda de
prensa con los medios granadinos en
1997. “soy hijo de las barracas, y de la podredumbre, pertenezco a una clase
sin clase donde en principio escribir me parecía un prestigio social, aunque
luego lo vi como un arma. Para mí la escritura es una denuncia, no un
esnobismo, escribo sobre los temas de la marginación que imperan en una ciudad
como Tánger: robos, prostitución, paro… La desesperación de una juventud
diplomada pero que no puede trabajar y está abocada a expatriarse y a morir en
el estrecho como espaldas mojadas. “ El autor Choukri en un texto inédito* hasta entonces titulado “el
mediterráneo, un espacio de migraciones y exilios”, expuso lo que
sigue: “todavía hoy el mediterráneo es un espacio de exilio, de migración.
El hambre no es tan violenta como en el pasado, pero ha dejado paso a sus
secuelas: el marasmo económico, la elevada
tasa de paro, los desastres ecológicos, la guerra étnica, todos los vectores
del mismo efecto inhumano y fuente de desestabilización. Estos factores están en el origen del desplazamiento masivo y con
frecuencia incontrolado de hombres en una geografía perturbada por la historia
antigua y moderna, por las ideologías y los sistemas económicos. Así, se vuelve difícil hablar actualmente del porvenir del mediterráneo
sin vernos enfrentados a esta
siniestra realidad. El escenario actual es sombrío, casi apocalíptico.Todavía hoy, me veo
obligado, moral y humanamente, a denunciar el fenómeno de “las espaldas
mojadas” y el fenómeno de “las barcas de la muerte o pateras”. La inmigración ha cambiado de cara: se ha convertido en silenciosa y mortífera.
Si la inmigración fue, en el pasado, una prueba iniciática que acrecentaba el
humanismo de la persona y le permitía pasar de un estado de indigencia a un
estado de enriquecimiento , se ha convertido actualmente en una antecámara de
la muerte , real y metafórica . La candidatura de la emigración es una
candidatura a la muerte .Expulsado por las carencias y la sequía, arrojado
en brazos de la aventura, el inmigrante no lleva con él más que un rayo
de esperanza y un asustado soplo de dignidad.Conozco los asuntos de la vida
errante, yo también he sido perseguido por niños y viejos, pero me fue dado
aprender la lengua de mis perseguidores.Es verdad que intentaba disimular mi
acento para ocultar mi origen indeseable en una sociedad que despreciaba a los
rifeños.Pero terminé por triunfar sobre esta lengua estructurada y poderosa ,
clara y extranjera .La sometí a mi ley. La vencí.”(*Texto que presenté por
primera vez junto al autor Choukri, en el centro de investigaciones
etnológigas Ángel Ganivet
de Granada el día 21 de marzo de 1997 con ocasión de unas jornadas dedicadas
al norte de Marruecos). Mohamed Choukri, rifeño de nacimiento y tangerino por residencia, fue
considerado como uno de los sólidos valores de la narrativa magrebí como lo
demuestra su extensa y prolífica producción literaria que tuvo sus comienzos a
mediados de los años sesenta. Abarca tanto novelas , como relatos breves y teatro, publicó diversos
ensayos en revistas árabes de crítica literaria ,así como traducciones al árabe
de poetas españoles, tales como los hermanos Machado, Miguel Hernández ,
Federico García Lorca , etc.También escribió acerca de sus vivencias con
“los malditos”:Jean Genet y Tennesse Williams. Aunque su obra más célebre y
traducida a más de quince idiomas fue al-jubz al hafi (el pan a secas), fue
rechazada por los editores árabes aduciendo estos la inmoralidad pornográfica
que en ella se reflejaba. La publicación de esta obra, supuso
una conmoción en el panorama literario árabe, esta
autobiografía novelada como le gustaba designarla, es un relato duro,
cruel, sin concesiones de la lucha diaria de un niño por sobrevivir en una zona
castigada por largos años de sequía y hambruna: el Rif y una ciudad
internacional: Tánger donde se codeaban millonarios, aventureros, mafiosos, espías,
artistas, bohemios, desalmados y escritores de “la Beat Generation”.
En junio de 1996, publicó un texto de memorias en árabe sobre Paul
Bowles y su destierro en Tánger, en el que Choukri haciéndose pasar por Michel
Foucault, Tzevetan Todorov, Julie kristeva, Edward Said, Hicham Djait,
desarrolla una crítica radical contra el orientalismo como discurso construido
por el líder de “la Beat Generation”, el dandy Bowles. Discurso a su vez que ha fracasado como instrumento de poder que sostiene
la empresa del colonialismo y el paternalismo. La imagen de oriente, en este caso Tánger, está compuesta por fragmentos
intertextuales, superpuestos como un filtro, es una figura construida, no un yo
verdadero. Detrás del exotismo cuántas veces no hay otra cosa que racismo más algo
de lírica. Debajo de esa palabra, un mundo sometido, un zoológico a
reconstruir, a definir.Otras colaboraran a ello, serán inventadas prácticamente
en el mismo marco y juego, piénsese en una antropología definiendo al
primitivo, al salvaje o al bárbaro unida a la historia. El orientalismo no es más que el estilo y discurso occidental para
dominar a oriente según Edward Said. La vida de Choukri está relacionada fundamentalmente con la ciudad de Tánger,
aunque no nació en esta ciudad,
estuvo predestinado a residir en ella, y ambos se pertenecen. Dicha ciudad
aparece por doquier en su obra literaria como un tema recurrente. El territorio de Choukri es un mundo de adversidades, presenta quiebras,
altibajos, rupturas, crudeza no exenta de ternura, marginación
y violencia. Choukri recurría a la transgresión para recuperar la inocencia perdida y
a través de la impureza y violencia del texto contaminaba fecundamente la
lengua árabe con palabras o kalimat en tafinagh o tarifit, en castellano y en
árabe dialectal, infringiendo las leyes sagradas de la gramática.Decía, que
las lenguas evolucionaban con el uso que de ellas hacen los hablantes, y no con
los academicismos establecidos. En eso tenía un punto común con García Márquez.
En su obra El pan a secas, nos habla de una desgarradora vivencia personal
respecto a su padre, de un mundo familiar hecho de violencia y miseria (malos
tratos, hambre, etc) en el que sobrevivir fue la principal tarea cotidiana:”yo
le insultaba en mi imaginación.Si no hubiera sido por la imaginación, habría
reventado.” En esta autobiografía, Choukri intenta recuperar y reconstruir el pasado
logrando transformar su experiencia vivida mental y oral en escritura.
Analfabeto hasta la edad de 21 años. Se preocupó de perseguir su memoria en
lugar de construir mundos imaginarios, en sus escritos cuenta los hechos que a
él le han sucedido en los lugares y ambientes en donde se produjeron,
describiendo siempre los acontecimientos diarios, y las situaciones marginales. Siguiendo a Dris Guzmán: “¿Cómo leer sin estremecimiento un libro
autobiográfico escrito en el más descarnado a la vez que en el más lírico y
efectivo realismo con el que el autor narra sus primeros veinte años,- un joven
rifeño sin más fortuna que inteligencia para sobrevivir- transcurridos en el
Marruecos Español, la Argelia francesa y el Tánger ciudad internacional,
durante los años cuarenta y
cincuenta? Para un conocedor elemental de la literatura española de los siglos de
oro, la comparación con el arquetipo literario y vital del pícaro constituirá
una motivación complementaria a la hora de internarse de la mano del joven
Mohamed, haciendo esta vez de guía
ocasional para el temeroso y fascinado viajero lector, por los laberintos
callejeros de las medinas norteafricanas, y por el cúmulo de aventuras, en pos
de ganarse la sola existencia, en que se verá envuelto el protagonista. En su singularidad, este testimonio ciñe lo literario a unos efectos
realistas que, para la conciencia
creadora de Mohamed choukri-autor, despiertan sus propios recuerdos, en calidad
de material fundante de la personalidad pero también de su posterior
transformación en discurso artístico. La memoria es lógicamente el motor que
da forma y contenido al relato a lo largo de su desarrollo; y no es una memoria
que se limite a informar de lo biográfico, sino que en el hecho mismo de
hacerlo, según observa Juan
Goytisolo en el prólogo a esta edición, se
implican categorías de una denuncia tanto cultural y moral como lingüística.
Denuncia que supone desde esta perspectiva una valoración marginal de la
narración si nos atenemos al contexto, asimismo cultural, moral, lingüístico
y, en última instancia, ideológico, del que surge: el mundo árabe y en
particular el Marruecos colonial hoy ya independizado”. (Ver Dris Guzmán, no
problema, no paranoia.revista puerta oscura nº ¾
Málaga). Atrapado en una sociedad cuyos valores morales y burgueses, le dan asco y
le repugnan, no duda en denunciar los principales problemas que acechan a
Marruecos a través de la descripción que padece Tánger (decía no añorar en
absoluto el mito creado en torno a
esa ciudad cosmopolita y lugar de cita de intelectuales y artistas porque en esa
época él pasaba hambre y dormía en los cementerios) En su novela Rostros, amores y
Maldiciones, el autor Choukri se introduce en el interior de la miseria de esas
gentes que viven en Tánger. Su prosa desgarrada, aguda, precisa, alcanza sus mejores momentos para
relatar el perfil interno y externo de quince personajes que se encuentran y se
pierden en la geografía nocturna y áspera de una ciudad literaria que ya no es
ni mucho menos lo que fue Tánger. Esta es una ciudad abandonada y derrotada, ahora es la ruina la que va
devorando las fachadas de los edificios modernos, el bulevar Pasteur ya no es el de antes, el de los tiempos en
que los hindúes vendían relojes de marca y equipos de radio de importación.
Se han ido y las tiendas están desprovistas, los géneros de imitación o de
segunda mano y los mostradores anticuados,…jugadores extranjeros, extraviados,
alcohol, drogas, delincuentes, prostitutas, pícaros, guías clandestinos,
pensadores irreverentes etc.,..Seres en la frontera de la marginalidad deambulan
por las páginas de Choukri intentando reconocer un oscuro túnel del sentido de
la supervivencia, de la dignidad y paradójicamente de la alegría. Murió con 68 años, como Jean Genet, dejó el cadáver de un señor mucho
mayor.A su entierro en el cementerio de al Marshán acudió la Tánger menos
convencional. Los amigos fueron a despedir a un gran escritor. También
acudieron los que suelen aprovechar cualquier ocasión para hacerse notar, pero
no tuvieron nada que hacer. Quienes ansiaban protagonismo entre plañideros o
llorosos encontraron el silencio. Cuando el féretro se aproximó a la fosa, sólo se escuchó: ¡adiós Choukri! y ahí acabó todo. El homenaje más breve que cabía imaginar para una vida colmada de excesos. Una existencia de resaca permanente ahogada en alcohol, que supo sin
embargo encontrar el significado de la lucidez. Así lo atestiguan muchas de sus
frases predilectas, como “he comprado mi hambre” o “soy el enano de mi
mismo”. Más allá del personaje que algunos quisieron explotar obviando su
escritura, la verdadera genialidad de Choukri brilló siempre en los antros o
bares, en compañía de sus fieles lectores y admiradores, que nunca le
permitieron un resbalón. Extraño espíritu indómito, coherente con si mismo y
transgresor hasta la muerte. Con él:” Tánger se ha vuelto a morir.”
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